No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser, pero no puedo ver cajones y cajones pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver todavía caliente la sangre en los cajones. Gonzalo Rojas, Contra la Muerte
En este tránsito Transito por largas filas de aves. En el aire voy dibujando rayitos
de sol Que se acomodan en mi pecho. Soy un ruido equidistante entre mundos: Comienzo a trisarme en los reflejos
de estas aguas endemoniadas. Eclipse de día soy un claroscuro: No me jodan la vista los desposeídos Que aquí vengo a navegar por estas
arenas movedizas.
Cuando la luz entra por lo
pasadizos de este abismo Es la brisa la que termina por
embellecer el canto de las parinas, Como en un torbellino de arena
fría Se están sumiendo los colores en este
origen montañoso. Palabra y canto son como plantar
un árbol En las hendiduras de esta duna Que se levanta y vuelve a sumirse
acariciando relojes; He ahí la danza de los píes
revoloteando las aguas ocultas. Qué queda del ego entregado a esta
espuma blanca como lluvia agusanada, Qué queda de estos cuerpos
danzándole al sol y a las costuras de esta sabia
salvia. Qué queda de esta sombra cíclica
que adorna cabezas. Sin la nube, todo hace que
destellen rayos por un agujero en el tiempo. He aquí la paciencia infinita del
sonido del viento Cada sonido eterno es la vida que
mendiga un espacio entre las rocas. Hay un brillo infinito en los ojos
que no miran, Increíble toda sonrisa que imitan
los pájaros a lo lejos. Desde este agujero, Camina el tiempo en un espacio sin
forma; Habitando entre líneas y espejos; Esta vez, gana la danza y el
sonido, Gana el silbido cruel de las almas
y los vientos.
como en una larga espera
largo lago de aguacero
heme aquí sin estación
rondando cual ventisquera
están dormitando los elevados
como murciélagos de témpano
sin palabra no hay ecuación
limitados han derribado las fronteras
quisiera la muerte resucitar
los llantos amordazados del fondo blanco
las maderas han invadido las hormigas
de las estatuas petrificadas en la hoguera
va caminando el loco sin su bandera
como roja seda una comarca anárquica,
los ciegos, la pregunta por la esencia;
heme aquí al borde del borde de la acera.
en medio de los buitres
han florecido los verdaderos hambrientos,
los seres deformados en un trono desenfocado,
chocantes —a destiempo— desde templos apolíneos.
flores con cara de angustia
han caído en la batalla de la risa.
el panadero ha incendiado la alameda profunda.
emergen un montón de garrapatas en busca de sus perros.
no hay grieta más negra que la de la angustia
en una parada de bus existencialista,
donde las palabras se quedan atascadas en cuchillos;
donde la tarde se queda atascada entre edificios.
revienta el grito por los vidrios
del habitáculo del hombre
han vuelto a confluir los ríos en las calles
en una búsqueda cosmogónica de los agónicos,
en una búsqueda de las parábolas orgánicas de los árboles.
no hay suficiente espacio para el grito,
un poco más de universo para los desposeídos.
el último rayo sobre Salvador Allende;
transversal la calle hacia el mar:
la tarde,
como un espejo en el cielo
intento condensar el aire
de mi estómago
—torbellino azul como mi boca—
se desmorona la acera
por donde transitan mis átomos
no hay vínculo entre lleno y vacío
se deshicieron las horas
mas sólo queda espacio,
y el centro,
mi otro omnipotente
ha bajado desde más abajo
poseyéndome.
Pintura: Paul Delvaux - La alegría de vivir (1937)
en fuga en dirección al encuentro
el cielo abraza la emoción muda del viaje
impacientes pájaros bajan de mi cabeza
mas yo perplejo en el reflejo de mi espejo
cuan azul hay en el cielo
y yo sin estrellas en la boca
el milagroso cuerpo de mi alma
se ha quedado alimentando hormigas
se ha ido el esplendor del horizonte
y la agonizada belleza del tiempo
que si de poesía se tratara
sólo en silencio no-podría-ser ave
como un acto poético
se deconstruye mi casa
en un verde parecido a mi bosque
las ballenas de mi miedo ya están dialogando
sobre lluvias y paraíso
¿acaso no hay tiempo para las nomenclaturas?
¿acaso no hay espacio en el músculo para la flor?
mutiladas han salido las gaviotas de mi mar
buscando la respuesta del rocío,
pues,
la huella del desconocido se nutre también de la muerte.
inerme la luz descansa para los iluminados
parecida al mar se funde en mi alma
el vuelo del pájaro no tiene espacio en la luna
no hay suficiente fragilidad en la flor
del pensamiento.
de viaje con mis demonios
hacia la huella pétrea de la madera
debajo del follaje de mis neuronas
descansa el ser sin luz sin luna
jadeantes se asoman
las catedrales del insomnio
imploran el reflejo sin espejo
mas abajo del mar está el océano
¿qué necesita el ahora?
¿acaso ser como la orilla de un lago infértil?
al loco sólo le basta con imagenería
suturar la arteria quebrada de una calle
la tarde se me presenta con colores
allá arriba, en las ciudades aéreas,
y yo, mi ciudad, y yo,
¿cómo me veo yo? la-ciudad-y-yo,
ante la ciudad profunda de esta calle.
me hundiré
como quién se hunde en su niñez
en el juego y en la fiesta
en la primavera
junto a las flores incrustadas del otoño
me hundiré
en mi desierto colapsado de texturas
donde los huevos de las aves se endurecen
ahí me hundiré
en las inmaculadas estrellas
en la aurora arenada
me hundiré,
como quién se hunde en su vejez
en el juego y en la fiesta,
donde se petrifican los cuerpos
y se geometriza el aire por las tardes
tengo cierto rechazo a las coincidencias,
al encuentro casual del sol con la noche
del mar y la roca y su choque rabioso
le temo a no temerle a nada
a lo vertiginoso
a la lágrima de risa
a la risa de la risa
le temo a la brisa oscura en el día
al edificio
a la nomenclatura de egos
al bostezo antes del almuerzo
temo algún día no saber encontrarme
temo alguna noche no temerle a la enfermedad
al tiempo plantado y suspendido en el espacio
quiero morirme temiéndole a la muerte
con mi respiración al límite
arraigado siempre al camino
al vuelo,
a mi condición de no saber ser ave.
y la habitación se descubre
hay una simplicidad incomparable en las paredes donde sueño
un verde desteñido, un eclipse que se esconde entre nubes rojas
hay de mí sólo una respiración lena de infancia
el rocío de ha llenado de baldosas,
y la humedad de cielo.
Como aves volamos hacia el lado racional, a veces chocamos con el aire; pocas veces resulta. Esperemos esa vez, y mientras, volemos como verdaderas AVES.
Para Existir
Unión heterogénea, de distorsiones heterogéneas. Mi más íntimo detalle, en íntimos pasajes de mi esencia.
Después de doce años en este blog, he logrado deshacerme de la introducción de «Retrato en Sepia» de la Isabel Allende; esto me hace pensar, que a mis 16 años me era imposible hablar sobre mí. hoy mi retrato, si bien no posee todos los colores, puedo decir que no está lejos de ser una pintura impresionista. mi retrato actual es como un remolino a contraluz, como un solo de guitarra, o la fotografía del viento en un día de campo de Ovalle. hoy a mis veintiocho tengo más paisaje en mi retina, y un pensamiento menos formado, siempre disperso; una "poesía" dueña más de la imagen, que de las matemáticas.
“Guiándome por la luz de la oscuridad, sostengo las piernas de mi mente. La música estalla fuerte entre las paredes de gelatina; y aún así comienzo a sumergirme en el hueco de mi vida. Ella está ahí, esperándome, no veo su rostro, pero sé que esta allí, lúcida entre el alboroto, pero sé que está allí…”
Niebla :
“...Cercanos imploramos romper el duelo, Pero el cobre nos corroe el llanto de los ojos, íntimo tomo el impávido tiempo que nos saldará, erróneo veo la tristeza sobre tu rostro.” Nebulosa.
Estupor de labios :
"...De aquí, comienza mi camino, mi nariz se nubla; y vuelvo el camino contra la marea. Sosiego el equilibrio astuto de mi catástrofe y quiebro las flores de mi enmascarado mundo bajo el puente.” Acéfalo bajo el puente.
Cuerpo:
"... Logran el lago que cae desde el sol y las célebres nubes. El tiempo decae como fuego y mezcla de llamas, la sonrisa explota junto al llanto inflamable de mi pecho… mi gran bulto humano me está pasando la cuenta bajo las tétricas paredes de mi cuerpo".
RURAL
...
A EXCEPCIÓN DEL BISTURÍS :
“Como cáliz de aguas turbias te capture un día en aquella playa. Allí fue donde conocí el cielo, las nubes, la gran colina de felicidad. Dejé atrás el abismo… hoy te busco en el cielo y no te encuentro… el bulto me cuesta; esta brisa me atesta en lo profundo...”
SILUETA INSOLUBLE
“Aquella corriente que extirpó mi sonrisa, hoy se asemeja más al grito de mi brisa. La marea es desvanecida y mis excesos son el caudal inmenso de mi angustia… la fatigada playa esperará a que vuelva, pues yo mientras esperaré en aquella roca, donde la marea sube, y ésta roca cada vez se vuelve más invisible…”
Siento que de pronto nos hundimos. siento más hondas las preguntas y más cerca aquellas miradas que se salvan, y otra que se ahogan; otras que se travan en las ventanas, otras en la puertas, se pillan sus dedos y la lengua se les exprime. Somos todos más que pensamientos, y menos que caminos y letreros sin ojos, somos nubes, piernas, hueso, diente, casa, ojo, espacio y volumen: SOMOS UNIVERSO.
ABSTRACTO:
Un toque, más antibaladas
Mis espejos
A veces sonrisas, a veces danzas; creo.Colores, a veces barniz opaco al cielo azul,a veces un sol, a veces recuerdos. Cómo no recordar ver mí ombligo en ti hoja de cristal, en ti murmullo de nube, a ti celeste agua de manantial.
Recuerdo perfectamente al ver mis libro por primera vez, posar frente a un asombro sin dueño, a un polo desconocido,
a un borrón y amanecer en tus pies, querida alucinación,
querida esperanza.
Tú cámara perfecta, por una máscara de pasión navegaste con peces por todos mis sentidos contrarios: tu silueta,
tus ojos, aunque no les pueda ver sentí plenitud en una mirada, desconocida, virgen, traslúcida...
(Espejos, una distorsión de mi esencia desnuda, recientemente desnuda.)