Hallándome entre recónditos pasadizos,
me encuentro con mi yo adolescente:
escurridizo, cual pez abisal.
Pareciese que estas mareas luminiscentes
de este tiempo no me pertenecen;
permanezco filosofando
entre filosas estalactitas.
Entre los pasillos de esta residencia,
paseo mirando el suelo,
siempre el mismo suelo,
este suelo;
conozco sus grietas
y también su resistencia;
me sostiene,
y yo le sostengo.
Acorralado por esta cordillera,
siempre fui más de mar que de cerro.
Siempre buscando algo perdido
más allá del horizonte;
conozco cada estrella:
las más brillantes,
y aquellas que se ocultan
detrás de la niebla.
Heme aquí nuevamente
para conectar con ese escenario:
el de la locura adolescente.
Entre el cerro
y el manto azul que nunca se detiene,
escucho el sonido retumbante de las olas
y la espuma mensajera
que viene de otro continente.


