...Caigo en mi instinto:

...Caigo en mi instinto:
Entre prófugas rocas hemos nacido, enrollados en queso besamos la luna, empapados de aguas pensamos en nuestra tierra un cubo de azúcar… Recemos nuestros labios, sentemos nuestra mirada… nazcamos entre lagartos, despertemos y leamos la nada.

sábado 17 de octubre de 2009

Sordomudo :

Los Placeres Iluminados - Salvador Dalí


La bastedad de este universo se asienta en este cielo de moscas desvanecidas. El rumbo sonámbulo se torna gris y la pared de este cosmos se torna muda. Veo aves de estiércol que cubren su rostro con monedas religiosas, entristecidas en los días de espumas y labios de carne podrida. Durmiendo me siento en los mares católicos, en remolinos de arena riego mis manos; es sangre consumida, son cabezas caídas en el muelle del mundo… agrietadas todas en el plumaje de esta corteza asfixiada.

Libélulas de fuego van cayendo por las calles, se esparcen como neblina iluminando los rincones de su boca. La hojarasca se diluye sobre las manos de la luna, las costillas del paisaje se quiebran, los árboles se congelan; y la multitud se dispersa silenciosa por este mar abrumado.

Caminando, las casas se vuelven largos dientes y mis oídos los poderes de la inconsciencia. Caen los cerebros y los cuerpos son sostenidos por cuernos de vacas, los autos funden alas de metal y mis ojos siguen sigilosos ante grandes brumas de cristal. Vapores y pies de mariposas vuelan sobre mi mente, calladas y hundidas aceleran los pasos y caen frente a este frío sol melancólico.

Viajo sobre calles de perlas y saltan sapos de ceda. Algunos encapullados en crepúsculos lunares se detienen entupidos; y vuelven a instituir el viaje. Otros se detienen a mirarme, otros simplemente se sumergen en lagos de cólera, y se ensordecen con el tiempo dormitando en los sótanos del miedo.

Vuelvo a las calles y el faro se apaga, la luna cae y el sol naufraga congelado… los árboles ríen oscuros, turbios lamentos yacen por el viento, individuos cortan flores violentas; pierdo el equilibrio y los niños estrellan el suave cielo. Derrotado mi vientre vomita gritos y mi lengua negras almas que mueren silenciosas, ante este caos y esta realidad camuflada.

Este mundo moldea espantos y lágrimas que afligen filosas algas contaminadas, este mundo hunde calles repletas y bellos valles perdidos en clamores; nuestra mente se ha vuelto un planeta, y este cielo varias estrellas que mueren en placeres incomprendidos…
Placeres sordos pero vivos, mudos pero muertos en abismos ennegrecidos.

domingo 4 de octubre de 2009

Ave



(Dedicado al mejor coleccionista de aves.)
Eduardo...

Conocimos la cima hablando de nuestros sueños
De cuadernos y papeles quemados,
Rasguñamos fronteras literarias y navegamos sobre nuestros
Gustos infinitos.
Lírica voz de internodios efímeros, nos sepultamos
Boquiabiertos al ver el alma desde las profundidades,
Referimos a nuestras cúbicas manos y quebramos
La posibilidad de morir separados.

Amistad es técnicamente una palabra desoladora,
Púrpura y colágena nos reseca la mirada,
Nos permite indagar sobre pómulos de acero sostenible;
Fuerte y tenaz a marejadas de pensamientos furiosos…
Nuestras montañas llenas de minas de fuertes resonadas
Nos gritan fuerte y prohíben nuestro aplastamiento,
Imposible a la vez, pues hay veces en que la
Misma naturaleza nos blinda un espasmo invisible.

Suspicaces caminamos como espantapájaros desviando
Malas lenguas que se enredan al criticarnos,
Pues trituran su saliva, y se envenenan con sus dientes.
Es más grave el grito de amistad, que la pasividad de una mentira.
Caminamos y sin tropezar nos caemos,
Siempre nuestra risa espanta aves que se posan a picotear
Los espectros de mi voz fulminante, y la tuya el ruido preciso
Que resbala por los puentes de nuestro equilibrio,
Inefablemente destruido.

Respiramos afilamientos de memorias,
Alejamos las tinieblas siempre al punto de la explosión,
La niebla mi mejor consejera, compasiva
Siempre evade las miradas que la conservan,
Pues este grito es demasiado extático,
Fulmina entre los hondos alerces de escarlata refinada,
Bien conservada, muy degradada en las puertas de justa
Hermosa composición de esperanza…

Nuestra compañera perfecta.

jueves 17 de septiembre de 2009

Buen tiempo para pintar al tiempo :

Como si los dieciochos trajeran historia,
Mejor para mí son los diecisiete.
Mi cuerpo de pétalos se ata cada vez más,
¡Cómo los ojos se me cierran para seguir soñando
Más allá del cosmos!
Mi mente de metamorfosis ha dialogado,
Testimonio definitivo de pies, piel y caminos.
Largos pulsos finitos se aceleran cuando llega
La sortija a mis pupilas; que lejos de crecer mi cabello
Ha crecido mi ambición por la perpleja condición de gritar.
De matar las letras y gozar con esto,
Tan exquisito, tan inherente a mi vida y cuerpo.
Transportación de un mundo,
Cuando el ladrón de dientes-casas viene en
Busca de la ceda prisionera, corazón joven
No muere, esta inmortalidad ha sellado
Mis manos con las mejores cadenas de mis ojos.

Tan importante es el karma de las lágrimas
Que cuesta interpretar esta sortija tan adherida a mis ramas,
A estos pétalos nutrientes que alimentan mis letras,
Miles de pulsos y respiros;
Y suspiros que alimentan mi alma...
Creo que desde ahora, es un buen tiempo para pintar al tiempo.

jueves 10 de septiembre de 2009

Caos :


Idilio Atómico. Salvador Dalí

Deambulando por los rincones más acuáticos de esta ciudad, respiro el aroma más difuso de la naturaleza misma; el hedor a caminos ondeados y sucumbidos de pasados herméticos, el aroma a violetas caídas y vencidas por las lágrimas del sol, el hombre del rostro de león, y la mujer gata que pisa su cola sangrienta y agrietada por las ratas de su mente. Veo la casa que crió mi sien, el ventilador que desmenuzó mi boca en tiempos de vehemencias; veo el alma de la mujer alarmada por su embarazo fúnebre, veo la nube que cubre mi pieza, y el torbellino que mezcla placenta y relojes de arena que estallan fulgorosos.

Caballos de flores tocan el piano de la sala, desmigajan las teclas de la luna que cubre su velo desnudo; la tela se eleva, se excita, flota y se evapora… se han abiertos los cielos que cubrían la nebulosa de espigas; qué bello es ver renacer el frenesí de sus alientos, y ver al fin el ciclón ya desvanecido que florece desde el infinito más fugitivo.

Como caleidoscopio veo el campo que refriega su polen en mi cara, veo también el tiempo que se volatiliza en la tela de cebra que cubren mis pies planos. Mis dientes de casa se quiebran como el vidrio que tapa los ojos del viejo lento, se seca como espantapájaros; como la niña que dibuja rayuelas en el lago encantado de su infancia… esta vez el cielo se nubla ¿vendrá otra vez el salvador?, ¿o son simplemente los elefantes que se asoman?

La tarde esta cálida y mis brazos comienzan a secarse; devotas las psicodélicas ancianas comienzan a invitarme a la misa que se avecina en el templo, pues ya es tarde y la luna sobrepuesta está, pues el sexo nace junto al sol, y me obligan otra vez.

Ya estoy sentado en la iglesia de fétido velo.

Él está ahí, negro y fulminante, saca de su bolsillo la sonrisa y lee libros padeciendo como vaca culta tener brazos cortos. Siquiera sabe leer, se enreda y vomita verbos por doquier, la gente le teme, pero se enmudece hipnotizada. La gente estornuda y él no para de equivocarse; león encantado de frívolas flores infernales.

Ha dado término al acto, siendo ésta vez, la única que mira ojo a ojo a sus “fieles oyentes”. Teatral y asombrado da cúlmine a la etérea ceremonia; pues cuando alza la vista ve que todos duermen. Plasmático quiebra las lágrimas de su rostro, nace el sueño sobre mariposas de púrpura fina, abre sus ojos minerales y pestañea una y otra vez, pues no hay caso… todos habíamos muerto.

La voz tóxica saborea el templo. Los ronquidos somnolientos de la muerte rompen vidrios esta vez. Se quiebra la madera plástica de la casa, los dientes comienzan a caer, los cabellos, la piel, los ojos;



¡él nos ha matado!

viernes 4 de septiembre de 2009

Entre los cuellos del cisne :



Reminiscencia arquelogica del angelus de Millet

Desterrados como sombrías esculturas nos renegamos a dialogar al destino. La fiesta de nuestra realidad es mucho más que sacrificio, nada nos moldeará nuestra sonrisa, tampoco hará de ésta, una lágrima fantasmal como las que fueron en la cima de nuestra alma.

Estampados sin movernos siquiera nos miramos, somos crepúsculos llenos de negrura; vencimos cuervos de cuero, palomas de relámpagos, vencimos el karma que nos invita junto a la noche que nos grita. Dormimos en el lúgubre pueblo que nos orienta, desprendimos cenizas volcánicas y medrosas, nos revolcamos y nos besamos, revisamos la vida y nos detenemos. El territorio flota y se hunde, nosotros nos hundimos y nuestro cuerpo flota, ¿será que la gravedad estalla frente sudor?

Oigo al muerto y su voz intrépida; veo el cadáver, y al cráneo de águila que se derrite por los brazos del sol, veo la sonrisa y los inmensos dientes en forma de casa; nuestro cuerpo veo esconderse entre tanta masa.

Respiro el fuego cicatrizante y penetrante, absorbe mi piel el sosiego inmenso que siento cuando te respiro; floto y hablo con palomas de piel cebra, dialogo con el aire derramado en eléctricos pisos y cabezas de piedra. Es duro, pero flexible a mis ojos.

Congelados en el aire, el hielo fútil nos sostiene, la luz es pura y natural, como la silueta que nos adhiere como imanes de mantequillas, pero congelada, estéril y gótica nos susurra gravemente en el oído; me habla de violetas y carpantas, de volcanes y cenizas, me habla de cuellos y acéfalos, de buitres y cisnes enrollados en márgenes de cuellos...

— ¿Nos verán igual las iguanas que se asoman tenebrosas?

jueves 27 de agosto de 2009

Fantasmas


Hoy te siento caminar entre el roce que nos une,
Tus pupilas han tocado el más íntimo respiro del huracán
Que cargo, sobre mi cuello cae la nevisca de mi cara,
Resbala, absorbe, se une, y deshilacha el suspiro que me incita.
Nuestro beso nace desde lejos, pero se hunde en lo profundo
Del sonido carente, recóndita la luna nos habla del que nutre,
Del que florece, y que pronto muere.
Sucumben las voces que relatan, tiemblan y se irritan.
Él desesperado roza la arena y tiembla nuestra sombra,
Temeroso le piso el cráneo que nos besa,
Tu boca tierna, fútil despierta el síntoma de la unión.
Eléctricas nubes cementan los movimientos,
El sexo nace suave sobre las sábanas de la mente,
Te quiero besar, y estas tan lejos. Te quiero gritar,
…Y estas tan cerca.

Hoy te duermes, mañana vuelas.
Las ramas neutrales enhebran los hilos que se corren,
Los cajones de mi cuerpo hoy descansan sobre mis pies descalzos,
Excava el fin y la tumba se abre en el cierre del muelle,
Tirano te ruego, te rezo, te beso y te siento.
Veo que viene el desenlace y los herméticos finales,
Tiembla mi mano y el hilo vuela sobre el capullo que se hace tela.
Como arácnido quedo vencido en el desierto fugaz,
Desolado beso cada grano de arena que cubre mi piel desnuda.
Te extraño cuando el viento me saluda, como el mar me encanta.
Te veo y respiro, te siento y desvanezco. ¡Qué triste fue haberte perdido!

Trecientos días y ya no existes,
Tu animita desarmada que respira aire y fuego,
Hoy se quema por el sol que ruega protección, que triste es ver caer el
Rocío que ayer fue tan bello, y hoy son estrías que esconden mi cuerpo.
Tu voz ya no siento, el rayo luz ha visto caer la aurora,
Se ríen los señuelos, y grita la carta que ayer fue pañuelo.
Cadavéricos quedamos entupidos en la nebulosa que cae desde el cerro,
Ostentoso roce que crea nuestro cuerpo, el cerro me abraza,
Las ramas que cubren mi espalda se rompen, se extirpan…
Cae mi cuerpo y quiebro el alma; como el fuego que palpa mi aliento.

Aquí, a la distancia de las hormigas que respiran aire nuevo,
Somos carne, somos larvas fantasmas
Que nacen de los rayos de mis huesos.

martes 18 de agosto de 2009

Trásfuga .

Se hace tan difícil recrear. Es como la escena en que toma la mano, y esta se difumina entre el polvo que fluye de las orejas. No son caballos de mar, ni el pequeño jabalí que desaparece en el desierto, son palabras que admiten el fulgor más sensible de toda sinfonía que muere.

Lo que se es que mezcla color, pasión. Mezcla abrazos y buenos suspiros. La necesidad de poseer el sol y tragarse el cielo, de gastar la arena y derretir los ríos que nos hacen caer en la movediza lava de lágrimas rojas.

“Estoy acompañado de la impotencia que escolta el caminar de los faroles de mi plaza, caminan como ratas a la velocidad de la luz, rápidas como el pestañar y cerrar los ojos por el asombro de la tierra. Afortunado soy de no cortejar la soledad y el abismo, afortunado de no vomitar el espectro náufrago de infantes sollozos. Entre el vuelo, el pasadizo me resbala el agua de la lluvia, los lobos gritan y expiran torrenciales, las casas flotan y sostienen las ramas de mi boca. Mi palidez es asombrosa, espanta pájaros que deambulan en
mi garganta; es mi enfrío, es mi enfermedad que madura entre los largos caminos, como el cabello que cae de mi barba.”

Floto debajo del reflejo de mi voz, grito sobre el aumento del instinto que madura; estoy flotando sobre lava movediza, que poco a poco transforma mi cielo en el rojo eléctrico que electrocuta mis inútiles pasos, y la marea cae sobre el farol y la ciudad se derrite… Yo ahí en medio de las olas chocantes, estoy al punto del ahogo que definirá el estado de mi postura… como árbol soplo contra el viento las hojas, como ave rompo la madera fúnebre de mis manos.

Me decido entre céfiros del oeste, entre el piélago y la tierra fértil que me llama. Oigo el grito de los suelos, siento la fuga lúgubre de un motor de plantas, que explota entre el eclipse de mi estancia maniática. Estaba entre la espalda y mi pared que sucumbe entre sollozos; pues el arbusto se ha podrido y mi voz se ha acabado…

…Me he callado entre mar y lava, síntomas y reflejos heterogéneos que navegan sobre el mar de mi duda, y que al fin alcanza el temor que muere, pero también se destruye.

martes 11 de agosto de 2009

Desvíos.

Salvador Dalí.

El fierro se hiela entre tanta nube, la atmósfera tiembla como esperma en tiempos remotos. Tantos efectos como el efímero colibrí que esta vez vuela como águila en prisa, como los cerros se disuelven sin excusas y nos dejan frente al diluvio más grande; el hueco más pútrido de la confusión. Caballos transportan caminos, asomados todos con el rostro desvanecido,
sostenidos entre varitas de madera hecha de bellos cristales que inocentes se hunden y fragmentan, siendo sólidos sobre el líquido que los sostiene.

Es imposible no quebrantar las flores que brillan en primavera, pero es tan fácil acabar con la lluvia que nos obsequia en tiempos de torrencial. Tantos erróneos barcos que se hunden como mis ojos decaen sobre el enfriamiento de la ciénaga. Hechizados y empapados de tantos suspiros creamos la neblina de la duda, inequitativos adoptamos el tránsito de nuestra cabeza que se rompe, sanguinolenta flor que se pudre en el desvío refulgente de la vida.

No esperemos que el hecho siniestro acepte nuestra escena ilusoria, guiémonos por crepúsculos hechos de púrpuras olas secas en el mar, por vientos sin polvo ni fragmentos de luna, arrojémonos sobre el caudal barroco de rostros oscuros, sobre la transmisión más suicida de la radio que nos distorsiona.

Distinguir nuevos sabores, nuevos mundos no induce al desvío etéreo, donde las nubes se nos cambian y transforman… absolutamente no. La ciudad es la misma, y el rostro que sigue ahí intacto no muere ni habla, ha estado allí por millones de años, el desvío y el camino nos ha cambiado…

La luz que nos brilla es inmune entre la que rodea mi cortina de bellas estrellas. La que los planetas chocan sin producir temblores de ácidas aguas, donde ése racconto es el más inocente y fugaz, tenue y abstracto. El desvío ha capturado y acampado todo mi campo verde de bellos pleamares y rocas marítimas, exótica vista desde el pasado hasta hoy, mis desvío me han ayudado a superar monstruos de dobles caras; inocentes y furiosas, porcelana y cemento… pero lo más fulgente, a combinar colores de bellas vistas oscuras y cielos combinados, de paisajes llenos de cabezas y gritos desesperados por conducir… mis desvíos han sido los más brillantes de todos, y no lo digo yo, sino la naturaleza misma.

lunes 10 de agosto de 2009

Árboles sin rostro:

René Magritte .

Encandilados rozamos nuestra alma. Fresca como la flor de tus ojos le siento, es gloria para abrirla y extirpar cuan sea la luz que existe dentro de aquella. Inheroica se cierra la furia, esta vez crece la magdalena más tierna y pétrea de todas, nuestro amor de piernas blancas y boca invisible; tierna hoja de árboles sin rostro.

De mi cabeza intrínseca flotan ramas unidas todas al cerebro. Eléctricas recorren todo mi cuerpo, como aire y hielo fútil amistan al sol como cómplice filoso y tétrico despertar. Logremos despertar mucho más allá, donde el océano sea blanco y transparente, y deje de ser eléctrico azul desde la frontera. Veamos las verdaderas noches donde el vuelo sea limpio e inerte, las carreteras planas y sin vuelcos, que los vanguardistas cisnes nos hablen al fin de la verdadera historia, sin ser degollados por segunda vez.

Hablemos, caminemos, miremos, flotemos, rasguemos el tejido que no nos deja gritar hacia el vacío, e inclusive mucho más allá, donde no existe cuerpo, fondo ni árboles, sólo el hueco más hondo de nuestra alma.

domingo 2 de agosto de 2009

Ladrón de Espacios.


Tu sombrero de cristal, tenaz y bien negro me confunde entre la oscuridad de esta mañana. Hambriento seduzco la manta que cubre mi cabeza, la limo y aliso; la rompo y cae sin darme cuenta. El miedo es mi gran atisbo, el despertar y ya no resistir el encierro tan atemorizante como el primer día que me sedujo. Recorro mi habitación, es tan pequeña como lo que pienso al instante. En este último tiempo he sentido que poco a poco mis recuerdos van cayendo sobre la explosión desesperante de mi inercia. He perdido la gran sortija de mi fresca memoria.

Camino y camino, mi metro cuadrado es mi burbuja infinita. Tengo un gran espacio de vía, pero sin embargo revivo en el mismo intervalo, soplo el tiempo y no se moviliza. Veo el mueble estático como el mar que me asechaba en tiempos remotos… destierro las aves que me hablaban de sexo y caricias, extraño el pulso sensitivo que en mi aliento entraba con la úlcera de mis ojos.
La ciudad está tan cambiada, ni los reflejos abundan con el vapor de mis labios. Sólo existe el paso calmado de sus inmóviles estatuas, las bolsas me perturban como el sonido quieto de bocinas exorbitadas. Ladrones de ojos, bípedas especies con cola y manos que salen de sus bocas, que además, tratan de engañarse… todo lo veo en sus ojos.

-Tanto hemos cambiado. Se preguntó mientras se miraba al espejo empapado de risas… se volvió a mirar y se vio igual que hace un instante.

"De vuelta al cuarto negro, vio que su nebulosa iba cayendo. La negrura mezcló la memoria, se sentó y esperó a que llegara su gran atisbo… su secuestrador. Cuando temblaron sus manos y fue consciente de aquello, vio hacia el cielo que comenzaba a caer, volvió a mirar y comenzó a llover. Pero no fue una tempestad normal, fueron granizos de recuerdo… de colores y vestigios. Ese día fue inolvidable, lloviznaron lápices y truenos, trenes y bosques, narices y bocas, pies y gélidas cabezas contrapuestas en su pecho.

Ya era medianoche y su secuestrador no llegó. Los granizos quedaron incrustados en su gran metro cuadrado, los muebles y pantanos brillaron como aquél sombrero que nunca llegó.





Pues el secuestrador estaba durmiendo hipnotizado en su corazón de perlas
y frenéticos cristales de porcelana aun líquida, pero ya sin temor. "