...Caigo en mi instinto:

...Caigo en mi instinto:
No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser, pero no puedo ver cajones y cajones pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver todavía caliente la sangre en los cajones. Gonzalo Rojas, Contra la Muerte

martes, 23 de junio de 2009

Acéfalo bajo el puente:

“Últimamente he pretendido buscar el argumento de mi mente, ella se ha ido, y yo también he arrancado de mi carne mi propio ente. He aquí donde comienzo a evolucionarme, donde el agua de este inmenso río comienza a llenarme del enigma fugaz de este nudo infinito. Donde el cielo se me hace inmenso; como pequeño se me hace este enorme río.


Las rocas me hablan de un sueño profundo, de una histeria anhídrida que entra en el cosmos de mi boca, como si el ras de mi pecho explotara por completo. He tratado aquí de vencer las olas de esta angustia contagiosa, que si bien, nació desde el anhelo de mi ego, hoy es más que un estúpido recuerdo; que inunda el ser con bastante secreción de pensamientos. Hoy, me he imaginado correr con bastantes caballos, en un inmenso campo abierto de corrientes mentales, yo completa paloma voladora y ella como estatua mirándome fugitivamente entre la sierra de sus ojos, ciega quizás, inherente entre el recelo, pero yo inmune ante las manos de su tierno cielo. La marea sube, mi puente se anega, pero aun queda espacio para abandonar mis pies en la tierra, y saciar mi hambre de volar sobre todas las cabezas degolladas en las nubes de mi ciega cabellera, lisa sobre el aire manantial, áspera entre caracoles de metales; yo aquí comienzo a rodar entre el hilo de mi vida y las largas callejuelas de mi angustia prisionera. Pero esas rocas son astutas, me han salvado frente a la marea, me han enseñado el camino de la tierra intolerable; me han enseñado a hablar, a gritar, a rodar como olas del tsunami de mi ser. De aquí, comienza mi camino, mi nariz se nubla; y vuelvo el camino contra la marea. Sosiego el equilibrio astuto de mi catástrofe y quiebro las flores de mi enmascarado mundo bajo el puente.”


Pasan las horas, y el tiempo no para.

Nubes sobre eclipses, rayos sobre truenos; son la tempestad de mi ojos y la sangre, yo, y mi acéfalo.

8 comentarios:

sebastian amaru dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sebastian amaru dijo...

el ego siempre ansía ser un poco mas que antes, pero el cosmos de la vida detiene ese paso abrupto, y nos enmudece mostrandonos otros mundos, quizas en un deseo adverso se anegan puentes y uno los mira debajo o sobre ellos.
suele ser que en dias las cabezas sean degolladas por el solo hecho de la misma nada, y a pesar de eso, los dias siguientes no suelen ser los mismos, sino que dispares sortilegios...

saludos cromosome.
este es un dialecto que no suele morir

Rayuela dijo...

Mis pies levantan vuelo, nube sobre nube, estrella sobre estrella.Vuelo sobre el río,vuelo bajo el cielo;tus rocas, tu marea,yo y mi alterego.



Un gran abrazo.

Eduardo dijo...

La conjugación natural es exquisita, el temple dramático le da tonos inexistentes; grises cálidos y blancos humeantes.
Es notable la caracterización, el drama profundo de tu persona... la vida guiada por la imaginación de un poeta suicida.



Te felicito amigo de mi corazón, tu sigue expresando; yo también lo hare.

Mercedes dijo...

Fantástica creación que me ha dejado llena de angustia y de gozo al mismo tiempo!

Un beso!

jordim dijo...

qué dureza..

JuanSe... dijo...

yo no se qué decir... tal vez son esos vuelos que hoy un día de una semana que me tiene hipersensible a las palabras, a las lecturas, siento como vuelo a su lado y de repente caigo, lastimo mi rodilla y lloro al encontrarme en el suelo, escrito con un pequeño palo sobre la arena este relato que me sorprende y me acalla los sollozos...

un abrazo mi gran amigo...

F e r n a n d a~ dijo...

El perfecto matiz entre la tranquilidad de las rocas y la dureza del acéfalo.
Me gusta, está bastante bueno, siempre logrando la combinación de la sutileza con lo "crudo". x)

Que estés bien. C: